Para muchos usuarios, la nube es la solución ideal para todos sus dispositivos. El almacenamiento físico por los usuarios es un concepto que poco a poco va perdiendo fuerza, siendo sustituido por el guardado en la nube de los archivos; en un sitio, lejos, en algún lugar que se desconoce su ubicación física, pero que, en el momento en que lo quieran, pueden acceder a ellos. Por eso la nube quizás es la alegoría ideal: en la mente de los usuarios, los documentos están suspendidos en algún sitio remoto.

Lo real es que guardar algo en la nube (documentos, fotos, software, etc) implica solamente tenerlo en otra parte; probablemente, en un servidor remoto dentro de un gran centro de datos. Para los usuarios que usan este método, es  lo más práctico para ellos: pues  se olvidan de cargar con soportes físicos, con almacenar en la computadora o tener innumerables memorias USB. Para ello sólo necesitan de una conexión a Internet y listo, la fantasía se vuelve realidad: los archivos son omnipresentes siempre y cuando puedan acceder a la web.

Pero, ahora veamos el lado oscuro de este método -ese que a veces los usuarios se niegan a ver por no sacrificar la comodidad-, el alojamiento en la nube es uno de los triunfos de una sociedad que confía demasiado en la tercerización de servicios -el mentado outsourcing-. Es una victoria del capitalismo que hasta para guardar lo nuestro lo deleguemos. Imagine usted que tiene que cargar siempre con una mochila a todas partes. Es poco práctico porque lo más probable  es que tiene muchas más cosas de las que puede guardar o se puede cansar de traer la bolsa a las espaldas. Entonces llega alguien con una mochila mucho más grande y dispuesto a cargar sus cosas; a veces, hasta de forma gratuita. ¡Qué placer! La persona de la bolsa le pide que firme un contrato con muchas letras pequeñas y, Usted emocionado, plasma su firma con tal de gozar de esa ventaja. ¡No faltaba más!

Claro, hay un truco: desde el momento en que Usted mete sus objetos a su bolsa, dejarán de ser suyos. Pero hay un pequeño detalle, los podrá usar como siempre, pero ya no son de su propiedad.

Esto no se trata de un ejercicio, ni nada ficticio. Pues es así como lo ve el gobierno de los Estados Unidos. Hace unas semanas, la Electronic Frontier Foundation, a nombre de su cliente Kyle Goodwin, hizo una propuesta ante la Corte de EE.UU (en inglés), para discutir las acciones del gobierno cuando realizó el cierre de Megaupload. Si recuerda el caso, las autoridades negaron el acceso a miles de personas al servicio, aún cuando estos demostraron que los archivos que tenían alojados no infringían el copyright. La respuesta gubernamental ha sido llevar a los afectados a largas y enredadas audiencias, sólo para darles los documentos que son legítimamente suyos.

Sin embargo, lo preocupante y aterrador del asunto estriba en la defensa que ha esgrimido el gobierno para justificar sus acciones. Según ellos, el señor Goodwin (y como él miles de personas) han perdido sus derechos de propiedad al firmar el contrato de prestación de servicios con Megaupload. ¿¡Cómo!? Para las autoridades estadounidenses, tanto el contrato de Goodwin con Megaupload (es decir, la hoja de términos y condiciones) como el de Megaupload con el proveedor de alojamiento web Carphatia , limitan los intereses de propiedad. Lo alarmante es que no hay nada de especial en ese contrato: es un estándar, como el que se firma con cualquier otro proveedor.

Es decir, si el gobierno por cualquier razón llega con una orden judicial, olvídese de su información. Da igual qué es lo que guarde: ya no es suyo. En este esquema, los derechos de propiedad se ven severamente limitados, todo por usar un servicio de un tercero para alojar sus datos. La Electronic Frontier Foundation (EFF) señala que este argumento no está limitado sólo al caso de Megaupload; también funciona para la Amazon S3 (donde empresas como Dropbox guardan todo), Google Apps o iCloud. En realidad, prácticamente cualquier usuario de la web está en riesgo, pues es muy difícil concebir hoy en día el uso de la red sin algún servicio de esta índole.

El alojamiento en la nube y el tema de la propiedad intelectual han estado en constante pugna desde hace tiempo. Un ejemplo muy claro es con iTunes Match y cómo Apple ayuda a monetizar un modelo de descargas que, en la teoría, es gratuito. No se niegan las ventajas prácticas de usar estos servicios; pues por ejemplo cualquier usuario, puede usar iCloud, Dropbox y Google Apps para sincronizar todo. No obstante, no se debe perder de vista qué es lo que ceden los usuarios; y muy importante, lo que pueden perder. Por esa razón, la EFF pone tanto énfasis: ya no sólo es preocuparse de poner sus cosas en manos de corporaciones y empresas, sino también del rol que juegan los gobiernos en este nuevo orden de la información. No vaya a ser que utilizar al señor de la bolsa le salga más costoso de lo que cree.

Fuente: Segu-Info News